Los resultados de una nueva pericia genética no solo complicaron aún más a Felipe “El Militar” Sosa, sino que aportaron indicios sobre la posible participación de otra persona en el crimen de Érika Álvarez. Se trata de una mujer que no es Justina Gordillo, la ex pareja del acusado del femicidio. Además, uno de los imputados, en una ampliación de declaración, aportó datos sobre posibles sospechosas.

La joven de 25 años fue asesinada en enero pasado en la casa del imputado, ubicada en Yerba Buena. Su cuerpo fue encontrado el 8 de enero en un descampado del sur de la ciudad. “El Militar” fue detenido días después en Buenos Aires.

Con el correr de los días, fueron procesados Gordillo -empleada judicial y pareja del principal sospechoso-, Nicolás Navarro Flores -amigo personal de Sosa- y Julio “Chicho” Díaz -empleado de confianza del acusado-, al estar sospechados de haber realizado maniobras de encubrimiento.

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Según la teoría del fiscal Pedro Gallo, Sosa y otras personas no identificadas hasta el momento acabaron con la vida de Érika en la vivienda. Al día siguiente, con la ayuda de los otros imputados, comenzaron a desplegar maniobras para eliminar el cuerpo de la víctima y borrar evidencias.

Felipe

Con el correr de los días, el representante del Ministerio Público comenzó a sumar pruebas para confirmar esa teoría. Una de las más importantes fue la confirmación de que los restos biológicos encontrados bajo las uñas de Érika pertenecían a “El Militar”, una prueba que lo vinculó directamente con el femicidio.

Pero ahora surgió otra evidencia fundamental en la causa. El cuerpo de la víctima fue atado y luego colocado en el interior de una bolsa de residuos negra. En una piola, una cinta de embalar y en el mismo plástico se encontraron perfiles genéticos que fueron analizados por los especialistas del Equipo Científico de Investigación Fiscal.

Los resultados

Según el informe al que tuvo acceso LA GACETA, se peritaron los ADN encontrados y se los comparó con los perfiles genéticos de la víctima, Sosa, Gordillo, Navarro Flores y Díaz. Los resultados obtenidos podrían marcar un antes y un después en la investigación del caso.

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En todos los elementos analizados encontraron, obviamente, material genético de la víctima. Pero en los plásticos de las bolsas y en una cinta adhesiva hallaron ADN de Sosa, prueba que demostraría que el acusado utilizó esos elementos para deshacerse del cuerpo de la joven.

Pero hubo más: al analizar las muestras obtenidas del cuerpo, los peritos encontraron dos cabellos. El estudio reveló que pertenecen a una mujer y que, genéticamente, no corresponden ni a la víctima ni a Gordillo, la ex pareja del acusado.

Este elemento puede generar un importante giro en la causa. Gallo, desde un primer momento, sostuvo que en el femicidio podrían haber participado otras personas, pero hasta ahora no había podido determinar quiénes. Esta prueba podría darle un nuevo impulso a la investigación.

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La duda ahora es establecer quién es esa misteriosa mujer. Como se conoció a lo largo del expediente, Sosa organizaba encuentros sexuales colectivos en los que era habitual el consumo de drogas.

Hubo un dato que siempre generó dudas entre los investigadores. Al analizar las imágenes de las cámaras de seguridad de la zona, se descubrió una filmación en la que se observa a Sosa ingresar a su vivienda, el día del crimen, en una moto junto a una mujer. Los familiares de Érika dijeron que se trataba de ella, pero después se confirmó que la víctima arribó al lugar horas más tarde en un Uber.

En las últimas horas trascendió que Navarro Flores amplió su declaración. Según confiaron fuentes judiciales, el imputado mencionó al menos los nombres de tres mujeres que podrían haber tenido alguna participación en el hecho. Sus identidades se mantienen en reserva, pero trascendió que serían una joven que habría sido amante de Sosa, una abogada y una supuesta vendedora de cocaína.